El tabú de la montaña del Pozo Grajero

La asociación Agrupación Grajero celebró el XIV acto anual de homenaje a los que murieron en el pozo Grajero de Lario.

Redacción FEC – Foto: José Mª Campos / Foro por la Memoria

Un 14 de julio de 2001 se selló la única parte que quedaba abierta de esta sima y se realizaba el primer acto de recuerdo a los que allí abajo habían sido asesinados por defender sus ideales. Fue el primer acto que se llevaba de estas características en la provincia de León. Muchas caras nuevas visitaban por primera vez el Pozo Grajero como las juventudes comunistas y personas de Ateneo de Castellón.

La secretaria de la asociación, Ana Aida del Campo, dijo que no es solo un homenaje a los muertos sino también a los que siguieron siendo guerrilleros luchando por los mismos valores democráticos y por defender la libertad que el régimen negaba a la sociedad. “Hay que reivindicar los valores como la República que defendieron las personas que fueron ejecutadas en el Poco Grajero”.

Para el diputado de IU y Presidente de la FEC, “no solo se recuerda la memoria de los que murieron en esa zona defendiendo la libertad y la democracia sino que reivindicamos su memoria como un modelo a seguir en defensa de los valores republicanos totalmente necesarios en estos momentos”.

Según el responsable de Economía de IU, José Antonio García Rubio, se trata de recoger el estímulo y el recuerdo de los hombres del Pozo Grajero para plantear un proceso constituyente en España que no lleve a la República. “No se trata de una cuestión solamente de quien es el jefe del Estado sino se trata de un derecho al trabajo, a la vivienda y de derechos sociales en general”.

Del Campo considera que “la sociedad está preparada para pensar seriamente en la Tercera República y creemos que ahora es el momento para dar este paso”. Recordó que gracias a los guerrilleros como Nicanor Rozada y otros se ha podido conocer la historia de esas personas que dejaron su vida por defender la libertad. “Estas personas son la que nos empujan a seguir haciendo estos actos y a no olvidar los valores que defendían”. Considera que hay que ir dando el relevo para que otros que vienen por detrás continúen con la labor de mantener viva la memoria del Pozo Grajero.

El homenaje se inició en Puebla de Lillo con una ofrenda floral en el cementerio. Por la tarde se celebró un acto republicano en el espacio público de las escuelas presentado por la secretaria de la asociación Ana Aida del Campo. En este acto intervinieron, Francisco Erice, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de Oviedo, José Antonio García Rubio, Secretario Federal de Economía y Trabajo de Izquierda Unida, José María González, procurador autonómico, presidente de la Fundación Europa de los Ciudadanos y Coordinador de IU de Castilla y León junto con Manuel González Orviz, Coordinador d´Izquierda Xunida d´Asturies. Los actos finalizaron con un concierto a cargo de Lucía Sócam y Juan Pinilla.

El tabú de la montaña

El 13 de noviembre de 1937, el Pozo Grajero, en la localidad leonesa de Lario, recibe los cuerpos sin vida de cerca de 13 personas que horas antes habían sido apresadas en Ponga, al otro lado de la línea que divide Asturias y León.

Todo estaba encaminado a que los cuerpos jamás fueran encontrados y permanecieran en el olvido. Pero una de las víctimas de las tropas nacionales pudo escapar de esta gruta, conocida por su oscuridad y porque allí anidaban cientos de pájaros (de ahí el nombre de grajero).

El único superviviente, Jacinto Cueto, pudo contar dónde estaba el resto de sus acompañantes en tan trágica aventura. 60 años después, y casi a escondidas, varios de esos cuerpos fueron rescatados por sus familiares en lo que supuso la primera exhumación en la provincia de León.

Todos los represaliados van a tener el mismo final. Primero son capturados, después llevados al cuartel de San Juan, se les desnudan y les atan con finos alambres. A continuación, les arrinconan y les someten a brutales palizas. Poco tiempo después, les obligan a andar por la escarpada montaña asturleonesa, hasta que llegan a Lario. Allí les esperan sus verdugos, que les fusilan y arrojan a la sima.

Y es que no es una exhumación más. La historia tiene tintes épicos, puesto que el único superviviente, Jacinto Cueto, sobrevivió durante meses oculto en el desván de su casa, que desde entonces se convirtió en el centro neurálgico de los represaliados de la época.

La heroicidad de Cueto (que estuvo diez días en el pozo y resistió a dos bombas lanzadas desde la superficie por sus captores ante los gritos que no dejaba de lanzar) permitió que los familiares del resto de víctimas pudieran visitar el lugar donde estaban enterrados.

Según explica Mario Osorio, uno de los organizadores y luchador incansable que organiza todos los años el acto, “aún en 1998, cuando comenzó la exhumación había gente del lugar que no quería conocer la historia de los 13 represaliados, todavía existía un tabú en la montaña. Muchos tenían miedo a hablar, pese a que habían pasado tantos años”. La recuperación de los restos de los represaliados supuso un antes y un después en el reconocimiento de las víctimas y, más importante, en la búsqueda de fosas en toda España.